autobiografía

Reseña: Diario de un vampiro en pijama

16 may 2016

Diario de un vampiro en pijama
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Salvar la vida es una de las aventuras más extraordinarias que he vivido...
Conocí a Mathias Malzieu en La mecánica del corazón y quedé enamorada de su forma de escribir: la musicalidad de sus frases, la manera de construir metáforas, junto a la facilidad con la que se desliza a través de las palabras y la forma de construir su historia me ganaron para siempre como lectora incondicional (al menos hasta el momento). No me enteré de que el autor había estado enfermo hasta que tuve este libro en mis manos y aún así, no llegaría a sospechar de ello si sólo hubiera visto la portada. Sin embargo, incluso la cubierta es tan Mathias: irónica, pero con ese toque de dulzura tan suyo. 

Diario de un vampiro en pijama no va precisamente de un vampiro, al menos no en el sentido estricto de la palabra. Tampoco va de pijamas, eso sí lo tengo claro. Este pequeño libro reguarda entre sus páginas una historia real. Cruda, triste, pero real: es la historia de nuestro autor, de Mathias Malzieu, y de su lucha contra el cáncer. Y no, aquí no van a encontrar una novela lacrimógena ni una historia romántica con exceso de drama. Esta es una historial tan real que puede haberle ocurrido a cualquiera. Pero le tocó el turno a Malzieu y a través de sus páginas nos cuenta a su manera particular lo que fue batallar contra ese enemigo que es capaz de llevarte a la muerte.

Siempre he soñado con ser un superhéroe, principalmente para salvarme de mí mismo. Pero acabar con mis demonios sería demasiado sencillo, en realidad los necesito. Si los mato, me mato.

No sé si soy yo o es que cada vez veo más libros que toman a las enfermedades terminales como punto de partida para una historia. No me parece mal, mientras sea tratado de forma adecuada, dandole un trasfondo y una importancia dentro de la novela. Pero con Diario de un vampiro en pijama no estamos ante una historia de ficción, sino una real. De por sí eso ya me hace plantearme una cosa: ¿cómo se puede valorar una experiencia real con un número del uno al cinco?¿Cómo puedo meterme a criticar el argumento o los giros si no se trata de algo salido de la imaginación? Por eso es que hoy no hablaré de aspectos más técnicos (y aunque lo hiciera, creo que no habría nada de que quejarse, aún en eso Malzieu se luce) sino que me centraré en lo más subjetivo, en ese remolino de sentimientos que el autor es capaz de conjurar desde la primera página. 

¿Por qué Diario de un vampiro en pijama? Vaya título, ¿no? Pero todo tiene una explicación y cuando lleguen a ella estoy segura de que aparecerán dos cosas: primero, un atisbo de sonrisa en la cara por el sentido del humor que tiene el autor. Y segundo, una sensación de angustia en el corazón por sospechar hacia donde se conduce la historia. Lo cierto es que, aún tratando el tema del cáncer - complejo y doloroso - Mathias no se amilana y no pierde ese inteligente sentido del humor en ningún momento. Sí, hay escenas en las que tiene ganas de tirar todo por la borda. Sí también hay otras en las que sientes impotencia por no poder estar en ese momento clave como es la presentación de tu película al público (con los años de trabajo e ilusión). Y sí, también estan esos momento en los que todo parece perdido y la muerte cada vez más cerca. Pero aún a pesar de todo ello la esperanza siempre será lo último que se pierda y eso es sobre todas las cosas lo que busca transmitirnos este libro.

La única oportunidad qe tengo de existir es escribiendo. La urgencia hace brotar semillas de libros en mí. Las riego todas y me dedico a pensar que daré con mi alubia mágica para atravesar el techo del hospital.

Sarcástica, irónica y por momentos irreverente. Diario de un vampiro en pijama es la historia de una persona normal escrita desde un hospital, donde el ambiente lúgubre deberia mermar el espíritu de cualquiera, pero - para suerte nuestra - no lo logra con Malzieu. Si están cansados de la típica novela trágica, lacrimógena, de esasd que deberían venir con pañuelitos incluidos, les recomiendo probar a Mathias Malzieu. Les prometo que les gustará.



Gracias a Penguin Random House por el envío del ejemplar

Reseña: Come, reza, ama

27 jun 2012

Leer novelas autobiográficas no es algo que haga muy a menudo. No porque no me guste, sino porque tengo tantos pendientes que para zambullirme en aventuras realistas necesitaría tiempo (algo de lo que ando escasa, más con los exámenes a la vuelta de la esquina). Sin embargo, decidí que sería buena idea darme un descanso de tantas criaturas sobrenaturales y probar algo tangible. Y Come, reza, ama estaba ahí para mí, para acompañar y viajar junto a la autora por tres hermosos lugares en su búsqueda de la ansiada felicidad plena.

Mientras intenta superar un difícil divorcio y se ve involucrada en un desengaño amoroso, Liz Gilbert decide que para mitigar en terrible dolor y la soledad que está soportando su alma, lo mejor es salir del Nueva York cosmopolita en el que se siente a los problemas perseguirle como sombras sin descanso. Tras dar un repaso a sus vivencia, decide que sus tres destinos serían las tres I que han marcado su vida: Italia, India e Indonesia.

Italia o dilo comiendo.
Con el corazón destrozado, Liz deja su trabajo, a sus amigos, su familia y huye por cuatro meses al país mediterráneo. Ahí se dedicará a los placeres de la buena comida, aprenderá in situ el idioma que tanto le encanta y disfrutará a plenitud de la dolce vita romana. Conocerá gente nueva con personalidades muy diferentes, hará nuevos amigos y se deleitará con la soledad que en cierto modo anhelaba desde que empezó a sentirse enclaustrada en su matrimonio.
Las treinta y seis historias de esta primera parte introducen al lector en el libro de una travesía con una misión fija: disfrutar de la vida y descubrirse a si misma, analizar su personalidad y definir su carácter.

India o encantada de conocerte
Tras su paso por Italia, Liz decide recluirse en un ashram indio para dedicarse a la meditación. Al comienzo, la vida austera, apacible y llena de trabajo no coinciden con su hiperactiva de vida de escritora/periodista, pero sabe que para lograr su meta tiene que explorar su interior. Las mantras indias estimularán su espíritu, pero también le hará preguntarse si ha tomado la decisión correcta al dejar atrás Nueva York. En medio de la meditación de cada día y durante las horas de horas sentada en absoluto silencio, no puede evitar que el dolor aflore y los recuerdos tomen su mente. Por suerte, contará con la ayuda de Richard el Texano, un hombre de lo más amigable que le hará ver las cosas de otro modo e intentar visualizar su futuro con más claridad. 

En mi destino hay muchas cosas que se me escapan, pero otras que sí está bajo mi jurisdicción. Hay una serie de billetes de lotería que puedo comprar, aumentando mis posibilidades de llegar a ser felíz. Puedo decidir cómo paso el tiempo, con quién me relaciono, con quién comparto mi dinero, mi cuerpo y mi energía. Puedo seleccionar lo que como, leo y estudio. (...) Puedo elegir las palabras que uso y el tono de voz que empleo para hablar con los demás. Y, por encima de todo, puedo elegir mis pensamientos.

Indonesia o me siento distinta desde la cabeza hasta la entrepierna
Para concluir con su odisea, Liz hace una parada obligatoria en Indonesia en busca de aquel último curandero de una familia de nueve generaciones que dos años atrás le leyó la mano y le aseguró que tras una experiencia traumática, ella regresaría a Bali. La experiencia ya la ha vivido (el divorcio) y ahora viene a buscar el equilibrio que Ketut Liyer (el curandero) le aseguró que encontraría en esa apacible isla. Ahí no solo conocerá lo que es la pobreza, la vida de campo o la verdadera vida en comunidad. No solo aprenderá que sus problemas son casi insignificantes al lado de otros tantos que hay en el mundo y que lo suyo no es tan difícil de superar, sino que encontrará a alguien que hará que su corazón palpite desbocado nuevamente: Felipe.
Al comienzo, se niega a aceptar al brasileño, porque sabe que el dolor no ha cicatrizado del todo. Pero como toda mujer, ella necesita de cariño, de alguien a su lado que la reconforte. Y si Felipe está dispuesto a hacerlo ¿por qué no darse una oportunidad? 

Comer, rezar, amar es un libro bonito.
Bonito en el cómo está estructurado, en los tres destinos que eligió la autora y en unas cuantas anécdotas que vale la pena rescatar. Pero nada más.
¿Y cuál es la causa de mi descontento? Estas se encuentran repartidas entre el comienzo, el final y a veces, también en el centro. Me parece buena la idea que tomó la autora de viajar para relajar la mente y el cuerpo, pero ¿durante un año? ¿Así, como si nada? ¿Dejó su trabajo, su familia, su vida durante tanto tiempo? ¿De donde sacó el financiamiento necesario? Es cierto que una escritora reconocida gana un poco más que la media pero, ¿lo suficiente para darse el lujo de pasar cuatro meses en Italia, seis en la India y cuatro más en Indonesia? 
Otro punto flojo es la narración. Al comienzo me dió curiosidad y seguí leyendo. Pero cuando llegué al capítulo de India ya me estaba desanimando. ¿La razón? A veces las excesivas descripciones de los rituales indios era apabullante. Y qué decir de la hilera de pensamientos de la autora. Había veces en que prefería que no se explayara tanto o que no repitiera las mismas cosas de diferentes maneras. Indonesia me gustó un poco más que el segundo, pero tampoco tanto. 

Si no tuviera mi lema "libro que empiezas, libro que terminas", hubiera dejado este a la mitad. Unas cuantas situaciones se me antojaron tan inverosímiles que por poco dejo al libro relegado. ¿Y sobre el final? Sabía que terminaría más o menos así, pero no que semejante año sabático no traería ninguna consecuencia desagradable. Vamos, si yo decido largarme doce meses a pasear por ahí ¿no me toparé con algunos cuantos problemillas a mi vuelta? Me refiero a todo tipo de problemas (sean grandes o pequeños), comenzando por lo económicos. 

Finalmente, ¿lo recomiendo? Uhmm, déjame pensar. Podrías leerlo si no tienes nada más a la mano o si quieres conocer algo de los tres destinos mencionados. Sé que hay una película y quizás me anime a verla. Solo quizás.



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