viajes en el tiempo
Reseña: El tiempo entre nosotros
16 jul 2013
El tiempo entre nosotros
Autora: Tamara Ireland Stone
Editorial B de Blok · 384 páginas
ISBN: 9788493961336
Autora: Tamara Ireland Stone
Editorial B de Blok · 384 páginas
ISBN: 9788493961336
Anna Green, una chica de dieciséis años, conoce un día a Bennet Cooper, un viajero del tiempo. Aunque en un comienzo él se mostraba arisco y desaparecía durante largos periodos de tiempo, el día que la salvó de un asalto en la librería ya no pudo seguir ocultando sus secreto: Bennett tenía un don. Podía viajar al pasado, así como moverse en el presente hacia cualquier parte del mundo. Podía cerrar los ojos y aparecer en otra época. Y lo mejor de todo, podía llevarla a ella en sus viajes. Anna, que soñaba siempre con conocer nuevos lugares, se encuentra ante una oportunidad única. Pero Bennet no debería vivir en el presente de Anna. Es más, ellos ni siquiera deberían haberse conocido. ¿Vale la pena enamorarse cuando sabes que llegará el día en que tendrán que separarse para siempre? El tiempo suele ser una barrera difícil de superar...
Siendo sincera, no sabía exactamente qué esperar de la novela. Pocas eran las críticas que había leído y aunque mis expectativas no eran demasiado altas, tampoco puedo decir que he quedado satisfecha con la historia. El argumento en sí es bastante simple, pese a que parte del factor viajes en el tiempo, lo cual - en mi opinión - es una buena base sobre la cual desarrollar una historia novedosa. Sin embargo, la autora le dio mucha más importancia al romance que a los viajes en el tiempo, lo cual le restó, digamos, algo de aventura a la novela. La pluma de Tamara Ireland Stone es ligera, simple y con ella nos va contando un romance bonito y dulce, pero quizás algo precipitado y forzado. Como últimamente digo, no se trata del número de páginas que se empleen para contar como surge el amor, sino el tiempo que transcurre entre conocerse, hacerse amigos y darse cuenta de que se está enamorado del otro. Lo de Anna y Bennett me pareció tan poco creíble - lo cual no resta lo tiernos que resultaban ambos - que más de una vez terminé dando un pequeño bufido de exasperación.
Los protagonistas tampoco son de los que enamoran o con los que uno llega a identificarse. Por lo menos, a mí no me pasó eso en ningún momento. Anna era una chica que en un comienzo se perfilaba como una buena protagonista, pero que luego me pareció a ratos egoísta, a ratos un poco anodina. Bennett es un poco mejor y aporta la dosis de misterio y una pizca de humor a la historia, pero en conjunto y con un romance en ciernes, opacan mucho al asunto de los viajes (que era lo que más me interesaba leer, dicho sea de paso). Otros personajes me parecieron más bien de relleno (véase Álex, el guapo del curso, o Danielle, la segunda mejor amiga), los cuales, con un par de giros bien llevados, pudieron aportar algo más a la historia. Por otra parte, al terminar el libro sentí que me faltaban varias explicaciones, por lo que me he quedado con muchísimas dudas al respecto: ¿cómo surgió el don de Bennett? ¿por qué precisamente él? ¿hay más personas capaces de viajar en el tiempo? ¿existen límites geográficos? ¿viajar en el tiempo aplica las mismas leyes que teletransportación?
Siendo sincera, no sabía exactamente qué esperar de la novela. Pocas eran las críticas que había leído y aunque mis expectativas no eran demasiado altas, tampoco puedo decir que he quedado satisfecha con la historia. El argumento en sí es bastante simple, pese a que parte del factor viajes en el tiempo, lo cual - en mi opinión - es una buena base sobre la cual desarrollar una historia novedosa. Sin embargo, la autora le dio mucha más importancia al romance que a los viajes en el tiempo, lo cual le restó, digamos, algo de aventura a la novela. La pluma de Tamara Ireland Stone es ligera, simple y con ella nos va contando un romance bonito y dulce, pero quizás algo precipitado y forzado. Como últimamente digo, no se trata del número de páginas que se empleen para contar como surge el amor, sino el tiempo que transcurre entre conocerse, hacerse amigos y darse cuenta de que se está enamorado del otro. Lo de Anna y Bennett me pareció tan poco creíble - lo cual no resta lo tiernos que resultaban ambos - que más de una vez terminé dando un pequeño bufido de exasperación.
Los protagonistas tampoco son de los que enamoran o con los que uno llega a identificarse. Por lo menos, a mí no me pasó eso en ningún momento. Anna era una chica que en un comienzo se perfilaba como una buena protagonista, pero que luego me pareció a ratos egoísta, a ratos un poco anodina. Bennett es un poco mejor y aporta la dosis de misterio y una pizca de humor a la historia, pero en conjunto y con un romance en ciernes, opacan mucho al asunto de los viajes (que era lo que más me interesaba leer, dicho sea de paso). Otros personajes me parecieron más bien de relleno (véase Álex, el guapo del curso, o Danielle, la segunda mejor amiga), los cuales, con un par de giros bien llevados, pudieron aportar algo más a la historia. Por otra parte, al terminar el libro sentí que me faltaban varias explicaciones, por lo que me he quedado con muchísimas dudas al respecto: ¿cómo surgió el don de Bennett? ¿por qué precisamente él? ¿hay más personas capaces de viajar en el tiempo? ¿existen límites geográficos? ¿viajar en el tiempo aplica las mismas leyes que teletransportación?
No obstante, pese a todos esos puntos negativos, la novela en conjunto está relativamente bien. Me han gustado mucho las pequeñas reflexiones que transmite la autora: tendemos a pasar por alto aquellos detalles que pueden parecer insignificantes pero que al final, forman parte de algo grande que indudablemente termina afectándonos. Con la historia de Anna nos damos cuenta como una sola palabra, una mirada o una decisión hechas en el momento adecuado (o no) pueden cambiarnos completamente la vida. En lo personal, El tiempo entre nosotros tenía varios elementos que pudieron aprovecharse mejor para hacer del libro una novela memorable, pero que se han dejado relegados por alguna razón. Quizás si se hubiera equilibrado mejor ciertas piezas, o se hubiera dado mayor relevancia a algunos personajes, la historia hubiera quedado mucho, mucho mejor.
PD: La autora está escribiendo una especie de segunda parte de la novela. En realidad, es la misma historia pero contada desde el punto de vista de Bennett, lo cual lo hace un poco más apetecible. ¿Logrará Time after time superar a El tiempo entre nosotros? De corazón, espero que así sea.
PD: La autora está escribiendo una especie de segunda parte de la novela. En realidad, es la misma historia pero contada desde el punto de vista de Bennett, lo cual lo hace un poco más apetecible. ¿Logrará Time after time superar a El tiempo entre nosotros? De corazón, espero que así sea.
Reseña: Rubí & Zafiro & Esmeralda
13 may 2013



En casa de Gwendolyn Sheperd nada ni nadie es del todo “normal”, empezando por su excéntrica (¡y cotilla!) tía abuela Maddy, que tiene extrañas visiones, pasando por Lucy, que se escapó de casa hace 17 años sin dejar rastro alguno... Y para acabar, también está Charlotte, su encantadora y (rabiosamente) perfecta prima, quien, según parece, ha heredado un extraño gen familiar que le permitirá viajar en el tiempo. Pero un increíble secreto está a punto de salir a la luz: la portadora del misterioso gen para viajar a través del tiempo no es Charlotte, ¡sino la propia Gwen! Ella es, en realidad, la duodécima (¡y la última!) viajera en el tiempo y se dice que cuando su sangre se una a la de los otros once viajeros, se cerrará el misterioso “Círculo de los doce”. Para obtener más información, Gwen deberá viajar al pasado y por suerte o por desgracia, no lo hará sola: la acompañará el undécimo viajero en el tiempo, el arrogante, atractivo y sarcástico Gideon, con quien va a vivir algo más que una peligrosa carrera a través del tiempo…
He decido hacer una reseña conjunta de los libros que componen esta trilogía por una razón: tanto Zafiro como Esmeralda continúan justo en el punto en el que se quedó su antecesor y al leerlo todo de un tirón, lo sentí más como un único libro partido en tres que como una trilogía propiamente dicha. Eso no quita lo mucho que me ha gustado ni lo estupendo que han sido los tres, solo que no quisiera ser repetitiva dedicándoles una entrada para cada tomo. Tampoco voy a profundizar mucho en el argumento, me parece que la sinopsis que les he colocado arriba ya cuenta lo suficiente y decir algo más sería spoilear una historia que deben leer a como dé lugar si gustan de la literatura juvenil.
Poco había leído sobre saltos en el tiempo aunque sí que he escuchado mucho de ellos. Lo que me llamó poderosamente la atención de esta saga era ver cómo la autora se las arreglaba para hacer creíble una historia que infringe las leyes de la cronología y cómo lograba (o no) traer a sus protagonistas de vuelta a su época ¡y vaya que sí lo ha logrado! Kierstin Gier ha cumplido todas mis expectativas y aun más, ha conseguido divertirme durante aquellas aburridas e interminables horas de viaje en bus.
El argumento de la historia está muy bien elaborado. En un comienzo me confundieron un poco las fechas, pero luego uno se acostumbra y es fácil seguir el hilo de la historia, sobretodo porque la autora pone todo su empeño en explicar de la manera menos complicada posible. Moría de curiosidad por ver cómo iba a encajar todas las piezas del puzzle un tanto enrevesado que había formado, pero al final lo logró, sin dejar ni un cabo suelto. Gracias a su prosa sencilla, sin mucha floritura ni palabras rebuscadas logra enganchar desde las primeras páginas sin mucho esfuerzo y antes de que uno caiga en cuenta, ya está deseando conseguir la siguiente entrega.
Por otra parte, me ha gustado lo bien que ha retratado las sociedad victoriana y la época de los años veinte, con sus costumbres extrañas y sus vestimentas aun más extravagantes. Y también la manera en que ha perfilado a sus personajes dentro de ese escenario tan bien construido: por un lado tenemos a Gwen, que se comporta tal y cómo debe hacerlo una chica de dieciséis años. A veces le daba por ser testaruda, otra veces sí que pensaba bien las cosas. Pero lo mejor de ella es que tenía una chispa que no se perdía en ningún momento y enganchaba al lector con su manera de narrar la historia. Es cierto que a veces me hubiera gustado que tuviese un poquito más de carácter (más que nada, en lo que respecta a Gideon) pero creo que para ser una joven de su edad - y que de un momento a otro empieza a saltar en el tiempo sin tener ni una pizca de preparación - está bastante bien. Y Gideon, bueno, es un De Villiers (un poquitín bipolar a ratos, a mi parecer). Al principio le tuve un poco de tirria al personaje porque pensaba que sería uno de esos guaperas que enamoran a la protagonista a primera vista ¡pero me equivoqué! El amor entre Gwen y Gideon se va desarrollando a través de la historia, poquito a poco, entre peleas y bromas, y aunque al final no quedé del toda contenta con nuestro protagonista masculino, el resultado de la trilogía en cuanto a romance se refiere es muy bueno: nada empalagoso y con un tira y afloja tanto sentimental como intelectual que hará las delicias de más de uno.
El argumento de la historia está muy bien elaborado. En un comienzo me confundieron un poco las fechas, pero luego uno se acostumbra y es fácil seguir el hilo de la historia, sobretodo porque la autora pone todo su empeño en explicar de la manera menos complicada posible. Moría de curiosidad por ver cómo iba a encajar todas las piezas del puzzle un tanto enrevesado que había formado, pero al final lo logró, sin dejar ni un cabo suelto. Gracias a su prosa sencilla, sin mucha floritura ni palabras rebuscadas logra enganchar desde las primeras páginas sin mucho esfuerzo y antes de que uno caiga en cuenta, ya está deseando conseguir la siguiente entrega.
Por otra parte, me ha gustado lo bien que ha retratado las sociedad victoriana y la época de los años veinte, con sus costumbres extrañas y sus vestimentas aun más extravagantes. Y también la manera en que ha perfilado a sus personajes dentro de ese escenario tan bien construido: por un lado tenemos a Gwen, que se comporta tal y cómo debe hacerlo una chica de dieciséis años. A veces le daba por ser testaruda, otra veces sí que pensaba bien las cosas. Pero lo mejor de ella es que tenía una chispa que no se perdía en ningún momento y enganchaba al lector con su manera de narrar la historia. Es cierto que a veces me hubiera gustado que tuviese un poquito más de carácter (más que nada, en lo que respecta a Gideon) pero creo que para ser una joven de su edad - y que de un momento a otro empieza a saltar en el tiempo sin tener ni una pizca de preparación - está bastante bien. Y Gideon, bueno, es un De Villiers (un poquitín bipolar a ratos, a mi parecer). Al principio le tuve un poco de tirria al personaje porque pensaba que sería uno de esos guaperas que enamoran a la protagonista a primera vista ¡pero me equivoqué! El amor entre Gwen y Gideon se va desarrollando a través de la historia, poquito a poco, entre peleas y bromas, y aunque al final no quedé del toda contenta con nuestro protagonista masculino, el resultado de la trilogía en cuanto a romance se refiere es muy bueno: nada empalagoso y con un tira y afloja tanto sentimental como intelectual que hará las delicias de más de uno.
Finalmente, solo me quede decir que Kierstin Gier ha creado una historia estupenda, con protagonistas memorables. Un trilogía que sin duda te dará buenos momentos, arrancará un par de risas y terminarás por cogerle cariño.
Reseña: El tiempo de Ann
22 abr 2013
El tiempo de Ann
Autora: Andrea Rodríguez
Libró único · Ediciones Frutilla
408 páginas · ISBN: 9789873325403
Autora: Andrea Rodríguez
Libró único · Ediciones Frutilla
408 páginas · ISBN: 9789873325403
Annabella tiene mucho a lo que enfrentarse en su primer año de universidad. Eso será fácil en comparación cuando tenga que poner la cara a un suceso inesperado y prácticamente imposible: ha viajado en el tiempo, y como si estar en el año 1723 no fuera poco, descubre que tampoco está en Argentina, sino en una España totalmente diferente a la actual. Entenderá, tristemente, que en esa sociedad no hay lugar para una chica de ropa extraña, y que cualquiera puede arrebatarle lo que es suyo. Pero estará dispuesta a pelear por sus derechos ahora inexistentes, y al encontrarse con el mismísimo Príncipe de Asturias, sabrá, con certeza, que los príncipes azules no existen. Ann debe demostrar que es fuerte e inteligente para salir adelante, principalmente, cuando se convierte en la pequeña obsesión de Estéfano.
Gracias a la autora por ceder el ejemplar a eBook Tours
Annabella Maurelle pasó de ser una chica universitaria a una pobre y extraña desconocida en menos de un suspiro. En una época muy distinta a la suya y en un país que nada tiene que ver con su natal Argentina, Ann no podía sentirse más que perdida. Pero las cosas acaban de comenzar y el hecho de que una mujer arisca la encierre en un burdel como mercancía, no es más que el principio de una odisea cruel que tendrá que recorrer si quiere regresar a su mundo. Encerrada en aquel lugar, se dará cuenta de que los príncipes azules no existen y que cualquiera puede llevarse lo más preciado: su virginidad. ¿Acaso todo es un mal sueño, una pesadilla de la cual podrá despertar? ¿Cómo regresar a su vida, a su tiempo? Y sobre todo, ¿hay algún motivo para seguir viviendo luego de ser usada como si fuera un objeto? Annabella no tardará en descubrir que la vida en 1723 no era como ella pensaba, que las mujeres no son más que objeto de procreación y que con sus costumbres modernas solo puede ser tomada por demente... y aun así convertirse en el capricho sexual del mismo Príncipe de Asturias.
¿Bonita portada, verdad? Desde que leí la saga de Kierstin Gier he estado enganchada a las novelas que narran saltos en el tiempo. Me gusta ver cómo los autores se las arreglan para hacer creíble una historia que infringe las leyes de la cronología y cómo logran (o no) traer a sus protagonistas de vuelta a su época. Bien, a lo que vamos: he tenido sentimientos encontrados con este libro. Ya me habían avisado que contenía escenas fuertes y síndrome de Estocolmo, así que empecé la lectura más que preparada. Por un lado, me ha gustado la ambientación, pero también hay cosas que me han descolocado. Adoro las novelas históricas, pero me gusta que estén bien cuidadas, tanto en lo que se refiere al escenario como a las costumbres y la forma de expresión de los personajes. En cuanto a lo primero, me parece que la autora lo ha hecho bastante bien, dando como resultado un bonito y detallado escenario. Pero en lo que se refiere a costumbres, le ha faltado un poco más de trabajo. Sé que escribir una novela histórica cuando no se es especialista en el tema es complicado (y aún siéndolo es difícil) y por ello he intentado pasar por alto varias cosas. Pese a todo, lo que sí me ha chocado es la forma de comportarse de Estéfano, el príncipe. Considero que su forma de hablar/comportarse no va de acorde a la época (ni a la de un miembro de la realeza) y usaba algunos términos que dudo que se conocieran por ese entonces (por ejemplo, cuando le pregunta a Ann si ella es bipolar ¿no es un término específico y avanzado para ese tiempo?). Los demás personajes también tiene un poco de esto, pero al no ser protagonistas, no se ha notado tanto.
Luego está el asunto del romance, que es una cuestión en la que prefiero no ahondar. Andrea Rodríguez ha elegido un tema delicado para su obra, como es el caso de las violaciones sexuales. Ya mencioné que comencé a leer la historia sabiendo lo que contenía, pero lo que no puedo sacarme de la cabeza es cómo Ann llegó a enamorarse del príncipe después de lo que había hecho. Una cosa es padecer el síndrome de Estocolmo y otra muy diferente, llegar a amar a la persona que te hizo daño. Entiendo que Estéfano trató de enmendar sus errores, pero me parece insuficiente el tiempo que tardó Ann en afrontar la situación, perdonarlo y enamorarse de él. No profundizo más en el tema porque no soy psicóloga (aun no, recién voy en los primeros años de la carrera) ni experta en psicopatología del síndrome, pero esta es mi opinión y respeto la de los demás.
Luego está el asunto del romance, que es una cuestión en la que prefiero no ahondar. Andrea Rodríguez ha elegido un tema delicado para su obra, como es el caso de las violaciones sexuales. Ya mencioné que comencé a leer la historia sabiendo lo que contenía, pero lo que no puedo sacarme de la cabeza es cómo Ann llegó a enamorarse del príncipe después de lo que había hecho. Una cosa es padecer el síndrome de Estocolmo y otra muy diferente, llegar a amar a la persona que te hizo daño. Entiendo que Estéfano trató de enmendar sus errores, pero me parece insuficiente el tiempo que tardó Ann en afrontar la situación, perdonarlo y enamorarse de él. No profundizo más en el tema porque no soy psicóloga (aun no, recién voy en los primeros años de la carrera) ni experta en psicopatología del síndrome, pero esta es mi opinión y respeto la de los demás.
Por último, pasemos al tema de la redacción y ortografía. Anteriormente he tenido la oportunidad de leer un texto publicado por la misma editorial, Ediciones Frutilla. No sé si es cosa de ellos o de la autora, pero he encontrado varios errores ortográficos y otros tantos de redacción, lo que dificulta la lectura y llega a resultar cansino. No digo que el libro tiene que estar impecable (lo que sería ideal) porque a todos se nos pueden olvidar poner un punto, una coma o una letra fuera de lugar, pero sí reducir al mínimo estos errores de puntuación y gramática para facilitar la lectura.
En conclusión, no puedo decir de manera rotunda si el libro me gustó o no. Hay cosas que me han agradado de la historia pero otras tantas que me han chirriado durante ciertas páginas. Si tuviera que recomendarlo lo haría, pero con algún par de advertencias, por lo que pudiera ocurrir.
Reseña: Prada y prejuicio
23 feb 2012
Es una verdad universalmente conocida que una adolescente de viaje en Inglaterra con sus compañeros de instituto debería pasarlo a lo grande. Pero el destino de Callie Montgomery está totalmente en contra de cada una de las decisiones que ella toma. Desde su primer día en Londres, la pobre muchacha ha venido arrepintiéndose de haber logrado convencer a sus padres para que le den permiso. Las razones son varias: su mejor amiga ya no está con ella en el instituto (mucho menos en el viaje), la profesora encargada de "cuidarlos" le tiene tirria, no se relaciona lo suficientemente bien con nadie para sentirse cómoda y, además, ha escuchado que Ángela -la chica más chic y popular del instituto - piensa escaparse del hotel para ir con sus amigas a una discoteca. Callie no quiere arriesgarse a que la señora Bentley -la profesora- le eche un sermón y le cuente toda sus verdades. Pero tampoco quiere estar sola durante el resto de viaje y esa salida nocturna le puede abrir las puertas a la sociabilidad... si es que logra salir con ellas, claro.
Como la rubia Ángela está siempre a la última en lo que a moda se refiere, nuestra protagonista no tiene mejor idea que irse de compras en busca de lo más trendy para impresionarla. Y eso incluye unos rojísimos tacones de Prada que le costaron el dinero que su madre le dio "para alguna verdadera emergencia". Todo hubiera ido genial, si a Callie no se le hubiera pasado por la cabeza salir de aquella tienda presumiendo de su última adquisición, ya que fue un error que le cambiará la vida. La pobre muchacha tropieza, se da tremendo golpe en la sien y cuando vuelve a abrir los ojos está muy lejos de la bulliciosa Londres del siglo XXI.
Al principio se resiste a creerlo. Es imposible que se haya trasladado a un paraje demasiado verde y demasiado silencioso para ser la ciudad inglesa en la que está de visita. Cierra los ojos. Se pellizca. Y cuando vuelve a abrirlos, un ostentoso carruaje tirado de caballos pasa por su lado. Esto es el fin.
Cansada, con sueño, hambre y sed, Callie intenta mantenerse de pie mientras camina a la casa más cercana. ¡Pero qué casa! Es enorme, con una decoración exquisita y con aires de grandeza. Llama a la puerta y un extraño hombre vestido a la antigua le abre. Cuando el mayordomo está apunto de darle un portazo en la cara, una voz de chica ordena que le haga pasar. Ella es Emily, y está completamente segura de que Callie no es sino su amiga de la infancia que vendría de visita, llamada Rebecca.
Ahí comienzan los problemas. Primero, Emily explica que está en casa de su primo, el jovencísimo y guapísimo duque Alexander Thorton-Hawke. Segundo, en la casa también vive Lady Victoria, madre del duque y una mujer estricta en cuanto a modales y maneras de la época. Y tercero y lo más importante, no falta mucho para que Emily sea desposada con Lord Denworth en un matrimonio arreglado y contaba con que Rebecca sea quién le ayude a impedir esa boda. Callie no sabe qué hacer ¿Es que toda esa gente está tan chiflada que afirman una y otra vez que están en 1815? ¿O la que está mal es ella?
A regañadientes, nuestra protagonista termina por aceptar la triste realidad de que no hay forma de regresar a su tiempo. Como puede, intenta ayudar a la cándida Emily, cumplir las expectativas de Lady Victoria y no acercarse mucho a Alex, no después de descubrir lo canalla que es y el secreto que esconde. ¿Podrá cumplir con su propósito?
Meteduras de pata, mentiras, escenas bochornosas y prejuicios. De todo un poco y en dosis justas. He disfrutado leyendo cada página y riéndome con los pensamientos de la quinceañera Callie, que aun sabiendo lo malo que es el duque, no puede resistirse a su sonrisa y sus ojos verde esmeralda. Y entre cada intento de evitarlo, pero a la vez de acercarse a él, no sabe que alguien ya descubrió que ella no es más que una usurpadora. Además, se acaba de dar cuenta de algo: ¿Qué hará cuando la verdadera Rebecca aparezca? ¿Que pasará cuando sus padres la echen de menos?Prada y prejucicio se es una novelita corta que se lee de un tirón. Sus ciento y pocas páginas pasan volando, una tras otras, dejando una estela de risas y ganas de continuarlo. Engancha, sí, pero no es suficiente para tener una puntuación perfecta. Quizás un poco más de profundidad en algunos personajes habría quedado genial o tal vez, alguna situación inesperada. Además, me hubiera gustado otro final, uno como el que me imaginaba al principio, pero me temo que de eso no hay y una tiene que conformarse. Sea como sea, el libro está para disfrutar de un buen momento y quedarse con una sonrisa en los labios.
Prada y prejuicioMandy HubbardEdiciones Laberinto288 páginasISBN: 978-84-8483-464-9
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